Mi caos

¿Qué haces cuando ya no sabes qué hacer?

Solo estás fingiendo estar bien, pero por dentro estás frustrado. Entre gastos, deudas, miedos, sueños frustrados, relaciones amorosas, dolores del alma, empleos desgastantes, situaciones personales, medicamentos, desplantes, amistades rotas, traiciones, mentiras, daños… Un sinfín de cosas que solo intentás esquivar o evitar sentir.

Pero eso no hace que no existan. Siempre están presentes. Y cuando menos te lo esperás, salen a flote en forma de ansiedad, depresión, lágrimas sin motivo, tristezas. Se convierte en una herida que no se ve, pero está abierta. Y da miedo.

Realmente me frustra el hecho de saber que no sé qué va a pasar con mi futuro, mis sueños y mis metas. No sé dónde estaré en unos años. Y lo más difícil es que no sé qué hacer con todo lo que estoy viviendo.

Solo me queda continuar, y luchar con todo. Muchas veces en silencio, con el corazón arrugado. Me invade un vacío, una impotencia. Me pregunto: ¿cómo voy a hacer para solucionarlo todo y salir victoriosa?

Y, aunque suene trillado, en esos momentos solo acudo a Dios. Pienso que, en medio de tanta incertidumbre, desearía que Dios se sentara a mi lado y me dijera qué hacer.

Que me dijera cuál es la decisión que me va a llevar a donde debo estar. A esos sueños que anhelo. A esa vida que Él sabe que me pertenece. Que sabe que es lo mejor para mí.

Solo quisiera saber…
¿a dónde va uno cuando le duele el alma?