A veces solo espero un golpe de suerte

Si pudiera regresar al pasado, volvería a ese momento en el que aún no conocía el dolor. A esa etapa donde todavía no me había equivocado tanto, donde el amor no me había herido, donde las decisiones no pesaban como lo hacen ahora.

Me gustaría haber hecho las cosas mejor. Haber tomado mejores decisiones. Haber sido más consciente de lo que hacía. Pero el pasado no se puede cambiar. Y esa es una de las realidades más duras con las que uno tiene que vivir.

Últimamente me acuesto tarde. Pensando. Sintiendo. Soñando con una vida diferente, con una versión mejor de mí misma. Quiero mejorar. Quiero sentirme realizada. Quiero disfrutar esta vida, no solo sobrevivirla.

Trabajo mucho, todos los días. Y cuando no estoy trabajando, estoy cansada. El esfuerzo que hago por seguir adelante me pesa más de lo que me gustaría admitir. A veces me siento como si estuviera esperando ese golpe de suerte, ese momento que cambie todo. Y sé que va a llegar. Lo presiento. Lo necesito.

No pido una vida sin trabajo. No busco facilidades eternas. Solo quiero una vida con oportunidades. Una vida que me empuje en lugar de frenarme. Quiero encontrarme con las personas correctas, estar en el lugar correcto, y ver cómo todo finalmente empieza a fluir.

Sé que no todo tiene que ser una guerra constante. A veces solo basta con un empujón, un sí, una puerta que se abra. Y cuando eso pase, cuando llegue mi momento, sabré que valió la pena cada paso, cada lágrima, cada noche sin dormir.

Mientras tanto, me repito a mí misma:
«No todo está perdido. No todo está escrito. Todavía puedo hacer algo con lo que me queda.»